miércoles, 27 de junio de 2007

HABIAN QUEDADO EN LA PLAYA AL ATARDECER. . .


El único elemento en contra era no poder parar el tiempo. Mientras la puesta de sol llegaba, Gabriel preparaba cuidadosamente cada detalle, conocían aquella cala como las palmas de sus manos, siempre buscaban el cobijo de un par de enormes rocas huecas que había al final de la playa, testigos mudos de sus encuentros y su mutuo amor infinito. Gabriel Contemplaba a Carla mientras se acercaba paseando por la orilla y cuando la distancia entre ellos no era más que la de un beso, se fundieron en un eterno abrazo escapando de la realidad por unas horas, unos minutos o aunque solo fuera unos segundos, siempre con el pensamiento de lo interminable q sería esperar el nuevo encuentro de cada año.

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